Feria de antigüedades, Paul McCartney en Chile

La gira “Freshen up” de Paul McCartney, es otra gira a la segura que poco tiene de “refrescante”. Revisando sus actuaciones en Japón, EE.UU. y Canadá, es posible prever que la presentación estará dominada por clásicos de los Beatles, además de los sencillos más tocados de Wings.

Considerando que acaba de lanzar un nuevo álbum (“Egypt Station”), es una lástima que Sir Paul no dedique el show a mostrar, sobre todo, lo recién cocinado o, por lo menos, a interpretar los clásicos con una vuelta de tuerca: Roger Water, por ejemplo, asigna un nuevo sentido, potente y significativo a la interpretación de “The Wall” en la frontera gringo-chicana.

McCartney solamente pretende hacer cantar a la gente, entre quienes se encuentra todo el equipo de ministros del actual gobierno. Incluso la potencia contestataria de algunas letras deja de tener sentido en instancias donde únicamente sirven al espectáculo.

El problema de un artista de tanto alcance es que, si deja de tocar lo conocido, excluye una gran parte de su público. A sus 76 años, ha devenido en un animador de cierta nostalgia que sirve de cable a décadas pasadas.

Quienes hayan asistido a alguna de las tres presentaciones anteriores que ha hecho en el país, se repetirán el plato, con la excepción de contadas canciones del nuevo disco. Sus fans se preguntan si aún quedará tiempo para las canciones de alguno de sus otros 16 discos rockeros que ha editado bajo su nombre y que una vez estrenados no vuelve a tocar.

Y qué decir del extenso repertorio clásico que viene cultivando desde 1990 con trabajos como “Liverpool Oratorio”; además de los proyectos electrónicos “Sound Collage” y “The Fireman”, este último formado junto a Killing Joke Youth con quién ha editado tres álbumes. Cómo no destacar también el disco del 2011 “Kisses On The Bottom”, donde incursiona en el jazz de raíz.

Como dijo Lennon alguna vez en entrevista para el London Evening Standard, “los Beatles, somos más populares que Jesucristo”. Quizás, el hacer de rocola sea el precio a pagar por tan alta fama, por cautivar tantos fieles demasiado apegados a una sola parte de la obra que, sin embargo, parece inacabable.

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