PIPERS, la historia musical del caleidoscopio

Cuando Pink Floyd publicó su primer álbum “The piper at the gates of dawn” en 1967, escogieron una imagen de portada en la que la visión de los miembros de la banda parecía deformada por la anteposición de un cristal. Los rostros aparecen repetidos y sobrepuestos unos a otros, como si fueran vistos por el ojo de un moscardón.

Aquel disco y aquella banda, marcaron un comienzo irreversible en la experiencia psicodélica, entendida ahora, más allá de la mera transgresión a nivel sonoro, sino que acompañada también por una propuesta de intervención de  los espacios en los que acontecían las presentaciones, con rudimentarios efectos de luz y color que propiciaban viajes más intensos.

El caleidoscopio condensa aquella experimentación performática en la que idealmente se intenta traspasar la frontera del color visto sobre un solo plano. Por ello es que las proyecciones se dejaban caer sobre la banda y no detrás de esta, para que el color asumiera tridimensionalidad y se hiciera parte de los cuerpos. Syd Barret y compañía, debían nadar entre esa acuosidad chispeante y saturada de violetas, verdes radioactivos y plata. El coctel perfecto eran los ácidos o algún otro tipo de droga alucinógena que alterara la percepción de dichos colores.

Con la llegada del space-rock y la publicación de “Ziggy Stardust“ de la mano del hombre de los cien rostros, el concepto de habitar una atmosfera en la que el color tomara vida en los cuerpos, fue transferido a los trajes brillantes. En estos, la experiencia alucinatoria podía ocurrir mirando al marciano en el que se convertía Bowie cada vez que entraba en escena. Su disfraz era más importante que proveer una masa de color y sonido envolventes a la gente. Si The Pink Floyd fomentaba un viaje colectivo en su espectáculo, Bowie por otra parte hacía de maestro de ceremonia y se convertía él mismo en la superficie donde ocurría el libre juego del color.

Actualmente perviven ambas tradiciones de entregar visiones alucinógenas en los espectáculos, la de las bandas disfrazadas y la de construir una envolvente; con la que está familiarizada la mayor parte de las fiestas electrónicas. El caleidoscopio, como recurso creativo, las contiene a ambas.

En Jebistore ofrecemos aquella experiencia visual a escala íntima y portable. Entra ya a la red octogonal que atrapa el mundo y lo revuelve en destellos con los PIPERS.

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