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El Kitsch Norcoreano

JEBIMAG 36
Descubre el arte cursi de una de las naciones más militarizadas en la actualidad.

Los rumores de que el dictador Kim Jong-Un lucha contra una enfermedad letal han sido noticia este año. Cierto o no, el gobierno ya ha tomado medidas para inmortalizar su imagen, aunque vaya… ¡de qué formas!

A un costado del hotel Chongnyon, una enorme plaza contiene la gigantografía de Kim Il Sung y Kim Jong Il sonriendo entre rosas ante un soleado retrato de la capital, Pyongyang. ¿Cómo es que un país altamente militarizado provee de imágenes tan cursis sus espacios públicos?

Todo comenzó después de la segunda guerra mundial, cuando Kim Il Sung, abuelo del actual líder supremo, al igual que Mao Tse Tung, adoptó el estilo del “realismo socialista” con el que se representaba a Stalin en la URSS, como la estética oficial de la nueva colonia soviética.

Se trata de un estilo que copia el realismo pictórico de mediados del siglo XVIII y que, paradójicamente, representa el gusto burgués de la sociedad Rusa contra la que los soviets se revelaron. El argumento para mantener ese gusto en una sociedad revolucionaria, habría sido que era el más comprensible, el que facilitaba manifestar mensajes propagandísticos a través de las imágenes.

Con el tiempo, en Alemania, aquellas producciones de cualidades exageradas, artificiosas, anticuadas y fácilmente comerciables, pasaría a ser llamado “Kitsch”. El kitsch norcoreano, además de ser la copia de una copia, representa a un pueblo feliz y próspero, que vive su libertad a todo color. Es decir, se trata de una relamida mentira que oculta la realidad de quienes deben arrancar pasto de sus parques o entregar sus mascotas al estado para poder comer. Parodia la tragedia de sus habitantes.

Desde la década de los cincuenta, comenzaron a circular las postales de Sung dando discursos ante campesinos y militares, siempre felices, sanos, revolucionarios. Kim Jong Il siguió con el mismo estilo de propaganda, en la que comenzaron a pasearse niños con flores en las manos, mujeres con cascos de seguridad y bombas relucientes.

Las fotos de Kim Jong Un cabalgando en un blanco corcel por el monte sagrado de Paektu, donde habría nacido su padre bajo el presagio de “dos arcoíris y una estrella”, que estuvieron en primera plana el año pasado, ayudaron a revivir el tono cursi con que Corea del Norte representa a sus líderes. Imágenes igualmente fantásticas y exageradas, pueden encontrarse en baños públicos, estaciones de metro y muros de edificios, como constata el fotógrafo francés Eric Lafforgue en su libro de “Banni de Corée du Nord” (2018); quien con mucha cautela logró registrar cómo se vive al interior de una de las repúblicas más secretas.

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