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El padrino del Blues

RESONANCIAS 01
Conoce la historia del joven de 22 años que salvó al Blues del olvido.

A los veintidós años y recién graduado en filosofía, un joven de Texas llamado Alan Lomax, comenzó un viaje que cambiaría su vida y la historia de la música para siempre.

Equipado con un rudimentario equipo de grabación portátil y a bordo del viejo Chevy de su padre, Lomax zigzagueó por el delta del río Mississippi, registrando la música y costumbres de las comunidades negras que, por aquel entonces (1937), seguían siendo cruelmente discriminadas.

Se encontró con el blues, un sentimiento que cambiaba de máscaras y sonidos según donde se le conjurara: en la iglesia, los lamentos eran elevados al todopoderoso, con esperanzas y el compromiso moral de hacer una vida como la que hizo Jesucristo. En las cárceles, se cantaba para acelerar el paso del tiempo y darse alientos durante los trabajos forzados. En las plantaciones, se alzaba la voz para animar las fiestas.

Sin embargo, a medida que comenzó a revisar sus grabaciones, percibió que había un grupo de cantores que parecía no encajar en ningún molde, musical ni social; pues tampoco eran bienvenidos en la iglesia o en las fiestas. Algunos de ellos incluso tenían antecedentes criminales. Sus sonidos eran disonantes, sus ritmos aletargados, sus voces poco melodiosas y las anécdotas que referían siempre infortunadas.

Leadbelly fue uno de esos renegados, una leyenda del blues que sorprendió a Lomax al tocar la guitarra con el cuello de una botella quebrada entre los dedos. Esto le permitía desafinar los tonos y crear cierta distorsión en el instrumento. Esas grabaciones llamaron la atención en los círculos metropolitanos y el mismo Lomax ayudó a gestionar numerosas presentaciones para el cantante.

De igual forma, Jelly Roll Morton, tampoco parecía encajar en los ritos musicales más tradicionales, ya que cantaba sobre su propia biografía y expresaba un componente de alegato social que apelaba por justicia para la gente de color.

Siguiendo con la lista de aquellas grabaciones, Skip James, un cantante con registro de soprano, fundía la estructura de los cantos de góspel con temas “corruptos”. Sus letras transitaban por la noche del alma, infundiendo melancolía en sus seguidores que, en un corto plazo, no dudaron en invitarlo a los primeros grandes conciertos de rock´n roll, veinte años más tarde.

 Lomax, sin quererlo, se encargó de registrar justo a tiempo (ya que gran parte de los artistas que grabó eran adultos mayores para el momento en que los conoció), a los pioneros del blues eléctrico, estilo que infundiría rebeldía, protesta, melancolía y la distinguible escala pentatónica de blues, a la música popular.  Tuvo el honor y el arrojo necesario para, después de dar visibilidad a grandes compositores, localizar a un hombre del que le habían dicho, debería ir a escuchar…

Una tarde calurosa en los campos de algodón, saludó al mismísimo Muddy Waters en el patio de su casa, años antes de que recibiera una oferta para lanzar su carrera bajo un sello comercial y probar aquellas canciones campiranas, en una guitarra eléctrica. La película “Chess records” (2008), tributa aquella legendaria grabación casera. El resto, es historia.

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